Antíoco y Seleuco

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ISBN rústica tipográfica: 9788498168365

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En Antíoco y Seleuco Agustín Moreto y Cabaña relata la historia de los herederos de Seleuco II de la dinastía Seléucida, rey de Siria entre 247 adC y 226 adC.
Antíoco y Seleuco detentaron primero uno y después otro el trono de Siria. El primero tuvo un reinado corto y murió envenenado por sus propios generales. Mientras que Antíoco reinó con el nombre de Antíoco III Megas (el Grande).

Jornada primera

Suena ruido de tempestad y salen Antíoco y Luquete, de camino

Antíoco: ¡Terrible tempestad, válgame el cielo!

Luquete: ¡Sí hará, que todo se nos viene abajo!
A alguna claraboya de él apelo,
o a un pozo para echar por él abajo.

Antíoco: Luquete.

Luquete: ¿Gran señor?

Antíoco: Toda mi gente 5
sin duda se ha perdido.

Luquete: Nosotros, si ellos ya se han acogido,
seremos los perdidos solamente,
pues aquí el cielo, aunque nos coge lejos,
tratándonos está como abadejos. 10
Vive el cielo que, cuando considero
que, Antíoco, eres tú el hijo primero
de Seleuco —a quien Siria cedió el mando—,
y que aquí, como yo, te estás mojando
—y aun más, porque mi capa tosca y basta 15
algo más tarde el agua la contrasta
que la tuya, delgada y guarnecida—,
caigo en lo que son honras desta vida:
todo es mentir, a mi pobreza apelo,
que aquesta burda capa en que me fundo 20
tiene menos adorno para el mundo,
pero más resistencia para el cielo.

Antíoco: Dices verdad.

Luquete: ¡Y cómo que la digo!
La experiencia, señor, es fiel testigo.
¿Hay más que ver que al labrador sencillo 25
al Sol de julio, en la ardiente siesta,
azotando las mulas desde el trillo,
trinchar la parva de haces descompuesta
y, despreciando al Sol, amontonalla;
y cuando el aire corre, desnudalla 30
con la horca ganchosa contra el viento
que la ligera paja lleva a un lado
y del pesado grano, que hace asiento,
le deja un rubio pez amontonado,
sin que le ofenda el Sol, si no es que vea 35
que se va antes que acabe su tarea?
Pues, si al campo va un príncipe, seguido
de caballos, carrozas y criados,
de tantas atenciones asistido,
reverencias, lisonjas y cuidados, 40
¿atreverase a estar sin muchos miedos
un cuarto de hora al Sol? Que si dos credos
le da en la bola (cuando el colodrillo
no le taladre agudo un tabardillo,
porque fueron sus rayos más corteses) 45
tiene jaqueca para treinta meses.
Hártase un labrador, de regla falto,
de ajos, migas, pepinos y tomates,
y brinca treinta pies de solo un salto.
Tiembla un señor de aquestos disparates, 50
y solo por templanza da a su muela
pollas, capones y agua de canela;
y si pasa un arroyo algo arrojado,
del salto, a casa va desvencijado.
¡Ah, señor, que el ser pobre en esta vida 55
es más riqueza y menos conocida!

Fragmento de la obra

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