El vizcaíno fingido

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ISBN rústica tipográfica: 9788498163728

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El vizcaíno fingido es un entremés de Miguel de Cervantes. Su argumento construye un mundo de engaño y manipulación, temas recurrentes en la obra cervantina. La trama sigue a Solórzano y Quiñones, quienes conspiran para burlarse de una mujer sevillana. La obra se inicia con un diálogo entre estos dos personajes, donde Solórzano, el presunto «vizcaíno,» invita a Quiñones a participar en su plan. El debate ético entre los dos hombres acerca de la legitimidad de engañar a una mujer establece el tono moral de la obra.
La intriga aumenta cuando entran en escena Doña Cristina y Doña Brígida. La última está visiblemente perturbada, lo que añade un elemento de misterio y tensión. Sin embargo, su inquietud no está relacionada con el plan de Solórzano, lo que deja al lector o espectador en expectativa sobre cómo se entrelazarán las vidas de estos personajes.
El vizcaíno fingido destaca por la agudeza psicológica con que Cervantes traza sus personajes. Solórzano y Quiñones representan dos caras de la moneda en cuanto a la moralidad de sus acciones. Mientras que Solórzano ve el engaño como un juego inofensivo, Quiñones cuestiona la ética de tal empeño. El diálogo inicial sirve es una introducción a la trama y una reflexión sobre la condición moral del engaño.
Cervantes también utiliza este entremés para hacer una crítica de las relaciones de género. La facilidad con que Solórzano planea su engaño, y la vulnerabilidad de Doña Brígida, son reflejos de una sociedad donde las mujeres a menudo eran vistas como objetos de diversión o manipulación para los hombres.
El vizcaíno fingido es una obra breve pero impactante que ofrece una visión compleja de las relaciones humanas y los dilemas éticos que surgen del engaño y la manipulación. Aunque la obra está ambientada en el Siglo de Oro español, los temas que aborda son universales, lo que demuestra una vez más la genialidad atemporal de Cervantes.

El vizcaino fingido

(Salen Solórzano y Quiñones.)

Solórzano: Éstas son las bolsas, y, a lo que parecen, son bien parecidas; y las cadenas que van dentro, ni más ni menos. No hay sino que vos acudáis con mi intento; que, a pesar de la taimería desta sevillana, ha de quedar esta vez burlada.

Quiñones: ¿Tanta honra se adquiere, o tanta habilidad se muestra en engañar a una mujer, que lo tomáis con tanto ahínco y ponéis tanta solicitud en ello?

Solórzano: Cuando las mujeres son como éstas, es gusto el burlallas; cuanto más, que esta burla no ha de pasar de los tejados arriba; quiero decir, que ni ha de ser con ofensa de Dios ni con daño de la burlada; que no son burlas las que redundan en desprecio ajeno.

Quiñones: Alto; pues vos lo queréis, sea así; digo que yo os ayudaré en todo cuanto me habéis dicho, y sabré fingir tan bien como vos, que no lo puedo más encarecer. ¿Adónde vais agora?

Solórzano: Derecho en casa de la ninfa; y vos no salgáis de casa, que yo os llamaré a su tiempo.

Quiñones: Allí estaré clavado, esperando.

(Vanse los dos. Salen Doña Cristinay Doña Brígida; Cristinasin manto, y Brígida con él, toda asustada y turbada.)

Cristina: ¡Jesús! ¿Qué es lo que traes, amiga doña Brígida, que parece que quieres dar el alma a su Hacedor?

Brígida: Doña Cristina, amiga, hazme aire, rocíame con un poco de agua este rostro, que me muero, que me fino, que se me arranca el alma. ¡Dios sea conmigo! ¡Confesión a toda priesa!

Cristina: ¿Qué es esto? ¡Desdichada de mí! ¿No me dirás, amiga, lo que te ha sucedido? ¿Has visto alguna mala visión? ¿Hante dado alguna mala nueva de que es muerta tu madre, o de que viene tu marido, o hante robado tus joyas?

Brígida: Ni he visto visión alguna, ni se ha muerto mi madre, ni viene mi marido, que aún le faltan tres meses para acabar el negocio donde fue, ni me han robado mis joyas; pero hame sucedido otra cosa peor.

Cristina: Acaba; dímela, doña Brígida mía; que me tienes turbada y suspensa hasta saberla.

Fragmento de la obra

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