Los primeros mártires de Japón

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ISBN ebook: 9788498977394 Categoría: Etiquetas: , , ,

ISBN rústica: 9788496290334


Semejante a una obra de teatro político, Los primeros mártires de Japón, de Lope de Vega especula con la conversión del shogún japonés al cristianismo. Junto a la voluntad de evangelización del texto —los mártires mueren en nombre de Cristo— aparece un retrato de las intrigas palaciegas de la corte del shogún y se ve, como trasfondo, el estilo del colonialismo español, fundado, entre otras cosas, en la transmisión del cristianismo.

Jornada primera

(Tocan cajas; sacan cuatro indios al emperador Jisonén en hombros, pónenle en un trono; delante de él salen cuatro reyes con sus coronas.)

Rey de Bombura: Emperador invicto del Poniente,
donde el Sol soberano,
por coronar tu frente,
de nueva luz se ostenta más ufano:
setenta y cuatro reyes 5
a sujetarse vienen a tus leyes,
y en este campo ameno,
de variedad y de hermosura lleno,
como en este hemisferio
es costumbre heredada del Imperio, 10
para dar la obediencia,
estamos esperando tu presencia.

Rey de Singo: Goces por tantos siglos el gobierno,
que pases de mortal a ser eterno,
y por edades tantas 15
te sirvan de tapetes a tus plantas
tantas coronas bellas,
porque corones más que el Sol estrellas;
cuando el honor de tu poder avises,
en carro de metal dichoso pises. 20

Rey de Amanqui: Y a pesar del olvido,
vivas, cuanto adorado, obedecido.

(Pónenle los tres reyes las coronas a los pies en el trono, y el Rey de Siguén se queda a un lado del tablado, sin llegar.)

Emperador: Rey de Siguén, ¿no llegas?
¿Cómo tú solo me obediencia niegas,
y tu corona en mi presencia tienes 25
sin rendirla a mis plantas con tus sienes?

Rey de Siguén: Yo, Emperador, no me llego
porque no es bien que me humille
a quien con tirano imperio
el Japón hermoso rige. 30
Yo no vine a obedecerte,
aunque a aqueste tiempo vine;
que los vasallos leales,
a solo su Rey se rinden.
Tayco Soma, que dichoso 35
en etérea mansión vive,
y al lado del Sol eterno,
términos al cielo mide,
al tiempo que lo divino
de lo mortal se despide, 40
y su espíritu glorioso
al ajeno cuerpo asiste,
a Tayco, su hermoso hijo,
joven a quien toca libre
el cetro que agora ocupas 45
y la corona que ciñes,
siendo Rey, como nosotros,
te encargó, para que firme
estuviese en este Imperio,
a tus consejos humilde. 50

Fragmento de la obra