Los mulatos de Esmeraldas

En 1599, un pintor indígena de Quito recibió un encargo inusual: retratar a tres hombres negros vestidos como caballeros españoles. No eran esclavos ni siervos. Eran don Francisco de Arobe y sus hijos Pedro y Domingo, señores de las tierras de Esmeraldas, una franja de selva tropical en la costa del Pacífico que ningún ejército español había conseguido someter. El cuadro debía enviarse a Felipe III como prueba de que aquellos cimarrones, por fin, habían aceptado la autoridad de la Corona.

El pintor se llamaba Andrés Sánchez Galque. Era indígena, probablemente formado en el Colegio de San Andrés, la primera escuela de arte de América del Sur, fundada por franciscanos flamencos en Quito. Firmó el cuadro y añadió la fecha. Es la pintura firmada y fechada más antigua que se conserva de toda la América colonial. Todo lo que sabemos de Sánchez Galque cabe en un puñado de documentos notariales y en este único lienzo, que hoy cuelga en el Museo de América de Madrid.

El retrato muestra a los tres hombres de frente, alineados sobre un fondo negro que los aísla de cualquier paisaje. Llevan gorgueras de encaje, capas de seda, sombreros de fieltro. Pero también llevan narigueras de oro, aretes y adornos de conchas que señalan su origen africano y su poder local. Esa doble identidad —la ropa española y el oro americano, el gesto de vasallaje y la postura de quien no se somete— es lo que convierte este cuadro en un documento sin equivalente.

La historia detrás del lienzo es tan extraordinaria como la imagen. Los Arobe descendían de un grupo de africanos esclavizados cuyo barco naufragó frente a la costa de Esmeraldas hacia 1553. Libres por accidente, se internaron en la selva, se aliaron con los pueblos indígenas, adoptaron sus costumbres y establecieron un dominio propio que resistió décadas de intentos de conquista. Don Francisco de Arobe negoció la paz con la Audiencia de Quito en los términos que él eligió: reconocimiento como gobernador, autonomía sobre sus tierras y acceso al comercio español. El retrato fue el sello visual de ese pacto.

El cuadro viajó a Madrid en 1599 y desapareció de la vista pública durante siglos. Reapareció en los fondos del Museo del Prado, que lo depositó en el Museo de América. En 2021, el Prado lo eligió como imagen de la exposición Tornaviaje, dedicada al arte iberoamericano. En 2019 volvió brevemente a Ecuador, al Museo Nacional de Quito.

Esta edición estudia el cuadro en detalle: la técnica de Sánchez Galque, la iconografía del retrato, la historia de los cimarrones de Esmeraldas, el contexto de la Escuela Quiteña de pintura y la cadena de acontecimientos que convirtieron un naufragio en un señorío y un encargo diplomático en la primera obra maestra del arte colonial americano. Se incluyen reproducciones del cuadro, mapas de la región, imágenes de la época y obras de otros pintores de la Escuela de Quito que permiten situar a Sánchez Galque en su contexto.

Sobre el pintor

Andrés Sánchez Galque (activo c. 1590–1615) fue un pintor y escultor indígena de Quito. Formado probablemente en el Colegio de San Andrés —fundado por el franciscano flamenco Jodoco Ricke en 1552— y vinculado a la cofradía del Rosario del dominico Pedro Bedón, Sánchez Galque fue pintor y escultor a la vez: los documentos notariales registran un contrato para un retablo en la iglesia de Santiago de Chimbo. Su viuda, Bárbara Sactichug, y sus hijos vendieron tierras en Zámbiza en 1633, lo que sitúa su muerte antes de esa fecha. La investigación de Susan Verdi Webster (Lettered Artists and the Languages of Empire, University of Texas Press, 2017) ha reconstruido su mundo profesional a partir de archivos quiteños.

Con Linkgua Ediciones puedes encargar ediciones críticas de nuestros libros clásicos que incluyan tus notas, índices y glosarios. Llena este formulario con tu propuesta. Te responderemos en menos de 24 horas.*

* No hacemos autoedición. Las ediciones críticas por encargo son solo de libros de nuestro catálogo.

Estos son los formatos y dimensiones de nuestros libros: