Arquitectura colonial andina. Cusco, Lima y el barroco mestizo
Libro ilustrado. 240 páginas aprox. Fotografías en color.
ISBN ebook: 9791370562533
ISBN rústica ilustrada: 9791370562540
«`html
El virreinato del Perú representó durante el siglo XVII el centro político, económico y religioso más poderoso de Sudamérica. La explotación minera de Potosí financió no solo la corona española sino también un programa arquitectónico sin precedentes en los Andes: catedrales, iglesias jesuitas, conventos y palacios episcopales que debían comunicar el orden del imperio y la autoridad de la fe católica sobre una población mayoritariamente indígena. Sin embargo, el resultado no fue una simple transposición del barroco peninsular. Los maestros canteros indígenas —muchos descendientes de los constructores incas— incorporaron técnicas antisísmicas heredadas, imaginería solar y lunar asociada a divinidades precolombinas, y una estética de la saturación ornamental que respondía tanto a la tradición textil andina como al horror vacui barroco. Esta arquitectura no puede comprenderse sin las tensiones que la produjeron: el proyecto evangelizador de las órdenes religiosas, la resistencia cultural andina, la disponibilidad de mano de obra a través de la mita y el tributo indígena, y la necesidad de edificar sobre ruinas incas que seguían siendo lugares sagrados para la población quechua y aymara.
Este volumen documenta los tres epicentros del barroco andino: Cusco, antigua capital inca reconvertida en sede episcopal; Lima, cabeza administrativa del virreinato y puerta hacia el Pacífico; y el Alto Perú —actual Bolivia—, donde las portadas del llamado «barroco mestizo» alcanzaron su mayor densidad iconográfica. En Cusco, la arquitectura colonial se levantó literalmente sobre los muros incas: la Catedral ocupa el sitio del palacio de Viracocha, y sus cimientos aprovechan la mampostería poligonal inca. Los alarifes españoles —entre ellos Juan Tomás Tuyro Túpac y Francisco Chávez y Arellano— trabajaron con canteros indígenas que introdujeron en las portadas figuras de pumas, serpientes y representaciones del Inti que los censores eclesiásticos no siempre lograban identificar. La Iglesia de la Compañía de Jesús en Cusco, iniciada en 1576 y reconstruida tras el terremoto de 1650, muestra este sincretismo en su fachada: columnas salomónicas de influencia romana flanquean hornacinas con santos cuyas vestiduras están decoradas con tocapus —patrones geométricos incas— tallados en piedra andesita. En Lima, el barroco tomó otro camino: la ausencia de piedra de calidad llevó al uso de quincha y ladrillo, y las portadas adquirieron policromía mediante estuco. La Catedral de Lima, reconstruida varias veces debido a los sismos de 1609, 1687 y 1746, terminó adoptando una solución de compromiso entre solidez estructural y ornamento contenido, con torres rebajadas y una fachada clasicista que contrasta con el exuberante interior de retablos dorados.
Las láminas de este volumen incluyen documentación fotográfica y planimetría histórica de las obras fundamentales del período. La Catedral del Cusco aparece representada mediante vistas de su fachada principal —con sus tres naves y torres gemelas—, detalles de las portadas laterales donde se observan motivos solares integrados en las enjutas, y secciones del interior que muestran el artesonado mudéjar del coro y los retablos churriguerescos del siglo XVIII. La Iglesia de la Compañía de Jesús está documentada con fotografías de su portada-retablo, considerada una de las expresiones más logradas del barroco cusqueño, donde el relieve alcanza hasta treinta centímetros de profundidad y la piedra volcánica permite un trabajo de detalle imposible en granito. De Lima se incluyen vistas de la Catedral antes del terremoto de 1940, grabados del siglo XVIII que muestran la configuración urbana de la Plaza Mayor, y detalles de las portadas de San Francisco y Santo Domingo, donde el estuco policromado simula mármoles inexistentes en el Perú colonial. Del Alto Perú, el volumen presenta las portadas de San Lorenzo de Potosí, Copacabana y San Francisco de La Paz: ejemplos del barroco mestizo donde sirenas tocando charango, ángeles arcabuceros vestidos a la moda andina del siglo XVII y representaciones de la Pachamama cristianizada como Virgen del Cerro conforman un programa iconográfico que no tiene equivalente en el barroco europeo ni en el novohispano. También se incluye cartografía histórica que sitúa las principales fundaciones religiosas en el contexto del camino del Qhapaq Ñan, la red vial inca que seguía articulando el espacio colonial.
El estudio introductorio analiza cómo esta arquitectura operó como dispositivo de control territorial y simbólico sobre la población andina, pero también como espacio de negociación donde los artífices indígenas lograron inscribir elementos de continuidad cultural que los evangelizadores no siempre comprendían. Se examinan las ordenanzas del virrey Toledo sobre trabajo indígena en construcción, las técnicas antisísmicas precolombinas recuperadas tras los terremotos del siglo XVII, y la relación entre el programa iconográfico oficial —emanado de los concilios limenses y las directivas tridentinas— y la iconografía efectivamente ejecutada en piedra. El texto moviliza fuentes primarias del Archivo Arzobispal de Cusco, crónicas de Bernabé Cobo y Antonio de la Calancha, tratados de arquitectura como el de fray Andrés de San Miguel, y la bibliografía contemporánea sobre arte virreinal andino. Está dirigido al lector con formación en historia del arte o arquitectura que busca comprender el barroco andino no como derivación periférica del modelo europeo sino como sistema estético autónomo producido en condiciones coloniales.
Este libro cobra relevancia en un momento en que el patrimonio arquitectónico andino enfrenta amenazas simultáneas: sismos recurrentes que comprometen estructuras de adobe y mampostería, turismo masivo que degrada las superficies pétreas de las portadas, y proyectos de modernización urbana que ignoran el valor documental de los conjuntos coloniales. El centro histórico de Cusco, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983, requiere estrategias de conservación que comprendan la naturaleza híbrida de esta arquitectura: no puede restaurarse según criterios puristas europeos sin destruir precisamente los elementos de mestizaje que la hacen singular. La discusión académica sobre el barroco mestizo sigue activa: mientras algunos historiadores ven en él una expresión de resistencia cultural andina, otros advierten contra lecturas romantizadas que ignoran las condiciones de explotación en que se produjo. La ausencia de monografías actualizadas en español sobre estos conjuntos deja un vacío que este volumen busca ocupar, ofreciendo documentación visual de alta calidad acompañada de análisis histórico riguroso.
Abrir estas páginas es enfrentarse a una paradoja: edificios concebidos como instrumentos de dominación que terminaron siendo espacios de sincretismo, donde el Inti solar inca observa desde las claves de los arcos barrocos y la Virgen María adquiere rasgos de Pachamama sin que el clero colonial lograra —o quisiera— impedir esa fusión. ¿Hasta qué punto puede hablarse de arquitectura «española» en los Andes cuando los constructores eran quechuas, las técnicas antisísmicas precolombinas, los materiales andinos y la mano de obra forzada indígena? Este volumen no ofrece respuestas
Con Linkgua Ediciones puedes encargar ediciones críticas de nuestros libros clásicos que incluyan tus notas, índices y glosarios. Llena este formulario con tu propuesta. Te responderemos en menos de 24 horas.*
* No hacemos autoedición. Las ediciones críticas por encargo son solo de libros de nuestro catálogo.
Estos son los formatos y dimensiones de nuestros libros:
| Formato | ISBN | Tamaño |
|---|---|---|
| ebook | 9791370562533 | — |
| rústica ilustrada | 9791370562540 | 149 × 210 mm |











