Viajes de Francisco de Miranda

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ISBN rústica ilustrada: 9788496428102

En febrero de 1783, el Ministro de Indias envió desde Madrid a La Habana la orden de arrestar a Francisco de Miranda. Enterado, Miranda huyó el 1 de junio de 1783, a Estados Unidos. Con ese viaje de La Habana a New Jersey empiezan los Viajes de Francisco de Miranda.
En Estados Unidos, Miranda pasa por Charleston, Filadelfia y Boston, y trata con diversos personajes de la alta sociedad en veladas y paseos.
Durante el tiempo que estuvo en Estados Unidos, Miranda conoció a George Washington en Filadelfia, al general Henry Knox y a Samuel Adams. Además, visitó el Princeton College y tuvo una impresión favorable.
El 15 de diciembre de 1784, Miranda salió del puerto de Boston en el mercante Neptuno rumbo a Londres. El viaje duró unos 56 días. Llegó a Inglaterra el 10 de febrero de 1785.
En la corte de Inglaterra, fue secretario del coronel William Stephens Smith, primer embajador de Estados Unidos en Londres. Miranda lo conocía de su estancia en Nueva York.
Miranda y el coronel Smith decidieron viajar a Prusia para ver las maniobras militares del rey Federico II el Grande. James Penman se encargó de guardarle sus papeles mientras estuviera de viaje.
Este volumen termina en Roma, tras pasar por Venecia.

Viajes por Rusia

12 mayo 1787
Moscú. Tuve visita por la mañana del ayudante mister Besin, teniente coronel en este servicio que me significó que el marechál le prevenía que franquease cuanto yo hubiese de menester. Me hizo traer una berlina a cuatro cabos que cuesta diariamente 4 rublos. Salí a la una a hacer visitas, mas el gobernador no estaba en casa… le dejé mis cartas y un billete, pues ni yo entiendo a mis criados, ni ellos me en tienden a mí… después de otras vine a casa, me hallé serrado y me fui para comer algo en casa del Treteur francés a las tres, mas hallé que su tabla D’hote estaba ya concluida y que la compañía no era de lo más selecta… propuse el que me diesen un poco de sopa en un cuarto separado, pero no le había y me querían servir en el mismo en que estaba toda la compañía indistinta s’il vous plait mister (me decía madame) il ne me plait pas, le respondí, tomé mi coche para irme a casa a dar con un pedazo de jamón que me quedaba de mis provisiones de viaje; el cual, con un poco de leche que añadió mi criado, fue toda mi comida… Verificándose así el pasar tres días sin gustar cosa caliente, excepto el té que solía tomar cada veinticuatro horas; pues no se pudo encontrar que comer a esta hora en las hosterías (mi hospite el mayor no previo sin duda este caso, contando tal vez en que el general gobernador me convidaría a comer, más este no estaba en casa cuando yo llamé). A las cinco p. m. tomé otra vez mi coche y continué mis visitas dejando las cartas (según la nota adjunta) y un billete con ánimo de ir a la comedia a las seis, mas se me hizo tarde y no pude concluir hasta las ocho dadas. ¡O qué extensiva ciudad es esta! pues los jardines, parques y vacíos que en el medio se encuentran son muchísimos. Sin embargo, hay un gran número de muy buenos edificios y palacios construidos en el gusto italiano, francés, inglés, holandés &c y aún en un gusto peculiar, que se conforma muy poco, con el griego y romano. A las nueve volví a casa fatigado, tomé té, leí un poco, &…

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