La fénix de Salamanca

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ISBN tapa dura: 9788411263009
ISBN rústica tipográfica: 9788498160956

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Casi todos los dramaturgos del Siglo de Oro utilizaron el tema de la mujer vestida de hombre en sus obras, Lope de Vega, Tirso de Molina, Antonio Mira de Amescua, Calderón, etc.
En Fénix de Salamanca, una comedia de capa y espada, desde el primer acto el espectador sabe que dos de los personajes principales son dos mujeres disfrazadas de hombre. Cada una pertenece a una clase social distinta (señora y criada) y de que sus disfraces obedecen a motivos diferentes:

  • Doña Mencía busca al hombre que le prometió matrimonio y que más tarde la engañó abandonándola.
  • Mientras que Leonor, su criada, sigue a su ama en su empresa con más o menos voluntad y no poco miedo.

Doña Mencía, mucho más arrojada y aventurera teme a nada ni a nadie. Las vestimentas de la orden militar de San Juan que se ha puesto son un hábito largo de color negro con una cruz blanca en el pecho, que le otorgan toda la seguridad que necesita para seguir adelante.
Así Doña Mencía decide buscar a su amado y lo hace de la única manera que le permite moverse con libertad y sin dar explicaciones a nadie.
Doña Mencía, es una mujer viuda que ha sufrido un desengaño amoroso. Se han reído de ella, su honor ha sido mancillado y como no tiene familiares masculinos que la defiendan y le devuelvan su honor, tema de capital importancia en los siglos XVI y XVII, decide viajar desde Salamanca a Valencia y posteriormente a Madrid, para encontrar a Don Garcerán, el causante de sus males.
La Fénix de Salamanca es un juego de apariencia y realidad, un elemento característico en las comedias de los grandes dramaturgos del Siglo de Oro.

 

Jornada primera

(Salen doña Mencía, con vestido largo y hábito de San Juan, y Leonor, su criada, como capigorrón.)

Leonor: ¿Qué? ¿No estás desengañada?

Mencía: Es invencible mi amor.
No me fatigues, Leonor.

Leonor: Tu locura es extremada.
Sin duda, doña Mencía,
según estas cosas van,
que ha de ser don Garcerán
tu perdición y la mía.
Seis meses ha que saliste
de Salamanca tras él,
y sin hallar rastro de él,
hasta Valencia corriste;
y agora quieres que esté
en Madrid. ¡Qué desatino!

Mencía: ¡Ay, dulce amiga! Camino
tras los pasos de mi fe.

Leonor: ¿Pues, no has mil veces jurado
no tenerte obligación?

Mencía: Es verdad.

Leonor: ¿Qué es tu intención?
¿Qué te da pena y cuidado?
Si te olvidó, ¿no es costumbre
de los hombres olvidar?
Si no tienes qué llorar,
¿qué te ha de dar pesadumbre?

Mencía: ¡Ay, amiga! Mi inquietud
no tanto la causa amor
cuanto el áspero rigor
de su fiera ingratitud.
La noche que se partió
aquel cruel, mil amores
me dijo, que fueron flores,
que su ausencia marchitó.
Y aquella extraña mudanza
y no pensada partida
me trae y lleva perdida
tras una vana esperanza.

Leonor: Pues advierte que este traje
tu pretensión no asegura;
Medio más fácil procura.
No afrentes a tu linaje.

Fragmento de la obra

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