Vida de Marco Bruto

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ISBN rústica ilustrada: 9788498168846
ISBN tapa dura: 9788498970845

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La Vida de Marco Bruto es una traducción comentada, confeccionada por Francisco de Quevedo. En ella se glosa la vida del célebre asesino de César escrita por el historiador griego Plutarco.
Esta obra, dedicada al rey Felipe IV, puede catalogarse también dentro de ese género conocido como «espejo de príncipes».
Por la época Baltasar Gracián, publicó El político en 1640, otro de los clásicos de dicho género. Sin embargo, la visión de Quevedo, del género y del personaje que aquí retrata va más allá. Esta Vida de Marco Bruto es también un retrato psicológico o más bien la construcción histórica de un personaje complejo. Bruto era en inicio leal a Julio César, y le manifestó su gratitud, para luego participar en una conjura en su contra y en su asesinato.
¿Qué ambiciones y que convicciones íntimas llevaron a Marco Bruto a cambiar de posición? ¿Qué se esconde tras su carácter?
Tal vez las palabras siguientes respondan mejor a estas preguntas y expliquen el valor de esta obra:

«Lo que hallo es en pocas hojas muchos volúmenes de la más atenta política. Aquí enseña a los príncipes el gobierno, a los vasallos la obediencia, a todos el celo del bien público. Traduce don Francisco a Plutarco y le comenta; y aunque aquel autor dejó mucho y bien dicho, muestra don Francisco en la traducción que lo bien dicho se pudo decir mejor, y en el comento que lo mucho pudo ser más. Y excediendo a Plutarco don Francisco en los discursos, hace que Plutarco exceda a Plutarco en el texto. En esta obra une a la lengua española la majestad de la latina, con la hermosura de la griega, para envidia y admiración de las demás. «

Doctor Antonio Calderón. 4 de agosto de 1644

Mujeres dieron a Roma los reyes y los quitaron. Diolos Silvia, virgen, deshonesta; quitolos Lucrecia, mujer casada y casta. Diolos un delito; quitolos una virtud. El primero fue Rómulo; el postrero, Tarquino. A este sexo ha debido siempre el mundo la pérdida y la restauración, las quejas y el agradecimiento. Es la mujer compañía forzosa que se ha de guardar con recato, se ha de gozar con amor y se ha de comunicar con sospecha. Si las tratan bien, algunas son malas. Si las tratan mal, muchas son peores. Aquél es avisado, que usa de sus caricias y no se fía dellas. Más pueden con algunos reyes, que con los otros hombres, porque pueden más que los otros hombres los reyes. Los hombres pueden ser traidores a los reyes, las mujeres hacen que los reyes sean traidores a sí mismos, y justifican contra sus vidas las traiciones. Cláusula es ésta que tiene tantos testigos como letores. He referido primero la descendencia de Marco Bruto que los padres, porque en el nombre y en el hecho más pareció parto desta memoria que de aquel vientre. Tenía Bruto estatua; mas la estatua no tenía Bruto, hasta que fue simulacro duplicado de Marco y de Junio. No pusieron los romanos aquel bulto en el Capitolio tanto para imagen de Junio como para consejo de bronce de Marco Bruto. Fuera ociosa idolatría si solo acordara de lo que hizo el muerto y no amonestara lo que debía hacer al vivo. Dichosa fue esta estatua, merecida del uno y obedecida del otro.

Fragmento de la obra

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