Historia de la filosofía

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ISBN: 9788498970678 Categorías: , Etiquetas: ,

ISBN CM: 9788490076187
ISBN tapa dura: 9788411266062
ISBN rústica: 9788498167290


La Historia de la filosofía de Zeferino González (1831-1894) se publicó en Madrid en 1878 y 1879, en tres tomos, mientras su autor ejercía como Obispo de Córdoba. La segunda edición ampliada apareció en 1886. Se imprimió en cuatro tomos, cuando Zeferino era arzobispado de Toledo y ya había sido reconocido por la Iglesia de Roma entre sus cardenales.
El interés por esta obra fue inmediato y pronto se publicó en francés, traducida por el reverendo padre Georges de Pascal.
Historia de la filosofía es la primera gran historia de la filosofía escrita en español. Es la primera exposición sistémica católica de la historia del pensamiento en plena restauración del tomismo, proceso en el que intervino decisivamente su autor.
Al margen de su interés intrínseco, la Historia de la filosofía del Cardenal Zeferino González, está escrita en un español magnífico. Fue una fuente de inspiración para muchos otros manuales similares a lo largo del siglo XX.
Este primer volumen abarca desde

  • los albores de la antigüedad,
  • incluye el pensamiento indú y el chino,
  • y concluye con las corrientes filosóficas de Grecia
  • y la Roma clásica.

Zeferino analiza, desde su perspectiva las filosofías orientales y antiguas y deja su huella en la lengua castellana como precursor de un género.

Aristóteles da comienzo a sus catorce libros Metaphysicorum con aquella afirmación de todos conocida, a saber: que todos los hombres desean naturalmente saber (omnes homines natura scire desiderant), o poseen natural inclinación a la ciencia. Afirmación es esta que, aunque parece vulgar a primera vista, encierra profundo sentido filosófico, según se desprende de las reflexiones luminosas que hace Santo Tomás al exponer y comentar, con su acostumbrada penetración y seguridad, esta sentencia del Estagirita. Y es digno de notarse que el Doctor Angélico supone y afirma que este deseo natural de saber se refiere al saber en sí mismo, a la ciencia metafísica considerada en sí misma, abstracción hecha de sus aplicaciones ulteriores y de su utilidad posible: quaerere scientiam non propter aliud utilem, qualis est haec scientia, non est vanum.
A nuestro intento, sin embargo, en la ocasión presente, basta recordar que ese deseo de saber, espontáneo y universal en el hombre, de que nos habla el discípulo de Platón, es el grano de mostaza que creció y crece, se desarrolló y se desarrolla, hasta constituir la ciencia filosófica, cuya historia tratamos de escribir. Pero, ¿qué se entiende por esta ciencia filosófica? ¿Qué materias y cuestiones constituyen la esencia y el ser de la Filosofía, y representan, por consiguiente, el dominio y los límites de su historia?
Preguntas son estas que entrañan un problema nada fácil de resolver, al menos con seguridad y precisión exacta. Porque, si volviendo la vista atrás, echamos una rápida ojeada sobre el sentido y significación que se ha dado a la palabra filosofía en diversas épocas y por diferentes autores, nos será sumamente difícil determinar, circunscribir y fijar aquel sentido y aquella significación, y, consiguientemente, la naturaleza y el dominio de la Filosofía y de su historia.
Zeller observa con razón que la palabra filosofía recibió entre los griegos sentidos y significaciones muy diferentes. Y, en efecto: si recorremos los escritos de Herodoto, Jenofonte, Platón y Sócrates y algunos otros, veremos que la denominación de filósofo se tomaba con frecuencia como sinónima de sabio, de sofista, de físico o naturalista, y alguna vez se aplicaba a los poetas y artistas. En general, puede decirse que al principio toda cultura del espíritu humano, la aplicación o ejercicio de su actividad en cualquiera de sus fases, la manifestación, en fin, de la virtualidad y fuerza nativa de la razón humana en esfera superior a la del vulgo o generalidad de los hombres, recibía el nombre de filosofía y también de sabiduría. Porque es sabido que en sus primeros pasos estos dos nombres marcharon, por punto general, confundidos y como identificados, y aun puede añadirse que estuvo más en uso el segundo que el primero hasta la época de Pitágoras y hasta la enseñanza de Platón, cuyos escritos contribuyeron mucho, no ya solo a generalizar el uso de la palabra filósofo, sino también a concretar y fijar su verdadero sentido.

Fragmento de la obra