Examinarse de rey o más vale fingir que actuar

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ISBN tapa dura: 9788499535241
ISBN rústica tipográfica: 9788498160888

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Examinarse de rey o más vale fingir que actuar de Antonio Mira de Amescua es una obra que explora las tensiones inherentes al poder y la autoridad, así como las complejidades de la identidad y la lealtad. El primer acto nos presenta al Príncipe y al Infante disfrazados de labradores, envueltos en una disputa que resalta sus respectivas ambiciones y ansias de reconocimiento. Domingo, un personaje que les sigue, funciona como un comediante que añade una capa de humor al conflicto entre los dos hermanos.
El núcleo de la obra gira en torno a la pregunta de qué significa realmente ser rey y cuáles son las cualidades necesarias para gobernar. Esto se manifiesta claramente en la disputa inicial entre el Príncipe y el Infante. Ambos personajes exponen su deseo de superioridad y reconocimiento, pero es evidente que carecen de la madurez y la sensatez necesarias para el liderazgo efectivo. Sus discusiones reflejan la competencia fraternal, pero también resaltan la cuestión más amplia de la idoneidad para gobernar.
La llegada del Rey de Nápoles y Albano introduce una nueva dinámica. Hay un cambio notable en el tono y en la naturaleza del conflicto: ya no es una simple lucha por el reconocimiento entre hermanos, sino una cuestión de lealtad y reconocimiento en un escenario más amplio. La entrada del Rey de Nápoles añade una dimensión política al drama, y su interacción con los personajes ya establecidos augura conflictos más complejos relacionados con el poder y la autoridad.
El Rey de Nápoles, que parece estar buscando a su hijo Carlos entre los dos hermanos, añade una capa de misterio a la trama. Este elemento de incertidumbre y búsqueda de identidad probablemente se desarrollará más en los actos posteriores, y podría ser crucial para entender las motivaciones y acciones de los personajes.
La obra, por lo tanto, establece una serie de tensiones y conflictos que van más allá de las simples disputas familiares para tocar temas más profundos como la autoridad, la identidad y la moralidad en el ejercicio del poder. El primer acto sirve como un microcosmos que presenta estos temas y prepara el escenario para su exploración más detallada en el resto de la obra. Con su mezcla de comedia, drama y elementos políticos, Examinarse de rey o más vale fingir que actuar promete ser una obra compleja y matizada que aborda cuestiones atemporales relevantes para cualquier época.

Jornada primera

(Salen el Príncipe y el Infante, de labradores, riñendo con dos bastones, y Domingo tras ellos.)

Infante: ¿Contra mi valor porfías?
¿Contra mí te pones?

Príncipe: Sí.
¿Qué méritos hay en ti
para tener mayorías?

Infante: ¿No bastan mis pensamientos?

Príncipe: ¿De eso quieres que me espante?
¿Hay loco que no levante
alcázares en los vientos?

Domingo: Y, ¿hay pendencias que se traben
tan sin ocasión? ¡Por Dios!
Que os descalabréis los dos
de una vez; porque se caben.
¡Contiendas de cada día,
caiga quien cayere aquí!
Que para reñir a sí
se lo reñirá mi tía.
El uno «os haré cetrina»,
el otro «os haré pedazos»,
y no llegáis a los brazos
ni oléis a la trementina.

(Sale Albano.)

Albano: ¿Fin vuestra guerra no tiene
porque castigo no os doy?
Tened paz y amistad hoy
que el rey de Nápoles viene
a estos hermosos jardines
de Caserta.

Príncipe: ¿Qué me importa?
Ni me admira ni reporta
su venida.

Infante: No imagines,
padre, que aunque soy villano
de los campos de esa aldea
que yo le admita ni vea.

Albano: Besarle tenéis la mano.

(Salen el Rey, el Marqués y acompañamiento.)

Rey: Ésta es, Marqués, el aldea
que tanto ver deseaba
cuando en Alemania estaba.

Albano: Su majestad, señor, sea
bienvenido.

Rey Amigo, Albano,
huelgo de veros.

Albano Llegad,
hijos, los dos y besad
a Federico la mano.

Infante Suplícote que nos des
la mano, invicto señor,
pues lo merece el honor
de haber estado a tus pies.

Príncipe Aunque no son labradores
dignos de tales trofeos,
merezcan nuestros deseos
gozar de vuestros favores.

Rey (Aparte.) (Uno de éstos que a mis pies
están, es Carlos, mi hijo.
Venzo de espacio el regocijo.
No quiero saber cuál es.
Venga este gusto penado.)
Levantad y guárdeos Dios.
(Aparte.) (¿Cuál será de aquestos dos?
Mi pecho está alborozado.)
Marqués, escúchame aparte.

Fragmento de la obra

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