Enmienda Platt

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La Enmienda Platt fue una enmienda agregada a la legislación estadounidense que estableció las condiciones para la retirada de las tropas militares de los Estados Unidos de Cuba después de la Guerra Hispano-Cubano-Americana. La enmienda lleva el nombre de Orville H. Platt, senador de los Estados Unidos que la propuso.
La Enmienda Platt otorgó a los Estados Unidos el derecho de intervenir en los asuntos internos de Cuba y estableció varias cláusulas que limitaban la soberanía del país caribeño. Estas cláusulas incluían la cesión de territorio para bases navales y la inclusión de disposiciones que permitían a los Estados Unidos intervenir militarmente en caso de disturbios internos en Cuba.
La enmienda también estableció que el gobierno cubano no podría firmar tratados que pudieran comprometer su independencia y no podría asumir una deuda pública excesiva sin el consentimiento de los Estados Unidos. Además, otorgó a los Estados Unidos el derecho de establecer una base naval en Guantánamo.
La Enmienda Platt fue impuesta a Cuba como una condición para la retirada de las tropas estadounidenses y la promulgación de una nueva constitución en la isla. Esta enmienda generó controversia y fue objeto de críticas por parte de muchos cubanos que la consideraron una violación a la soberanía y la independencia de su país.
La enmienda se mantuvo en vigor en Cuba hasta 1934, cuando fue derogada como parte de un nuevo tratado entre los Estados Unidos y Cuba. Sin embargo, la presencia de la base naval de Guantánamo continuó bajo un nuevo acuerdo bilateral.
La Enmienda Platt de 1901 dejó un legado controvertido en la historia de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Fue vista por muchos como una muestra de la influencia estadounidense en los asuntos internos de Cuba y una limitación a su verdadera independencia.

Que en cumplimiento de la declaración contenida en la Resolución Conjunta aprobada en 20 de abril de mil ochocientos noventa y ocho, estimulaba «Para el conocimiento de la Independencia del Pueblo cubano» exigiendo que el Gobierno de España renuncie a su autoridad y gobierno en la Isla de Cuba, y retire sus fuerzas terrestres, y marítimas de Cuba y de las aguas de Cuba y ordenando al Presidente de los Estados Unidos que haga uso de las fuerzas de tierra y mar de los Estados Unidos para llevar a efecto estas resoluciones; el Presidente por la presente quedó autorizado para dejar el Gobierno y Control de dicha isla, a su pueblo, tan pronto como se haya establecido en esa Isla un Gobierno bajo una Constitución en la cual, como parte de la misma, o en una ordenanza agregada a ella se definan las futuras relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sustancialmente como sigue:

I. Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la Independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.

II. Que dicho Gobierno no asumirá o contraerá ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses y amortización definitiva después de cubierto los gastos del Gobierno, resulten inadecuados los ingresos ordinarios.

III. Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos puedan ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la Independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que con respecto a Cuba han sido impuestas a los Estados Unidos por el tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.

IV. Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba, durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos.

V. Que el Gobierno de Cuba ejecutará y en cuanto fuese necesario cumplirá los planes ya hechos y otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las poblaciones de la Isla, con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades epidémicas e infecciones, protegiendo así al pueblo y al comercio de Cuba, lo mismo que el comercio y el pueblo de los puertos del Sur de los Estados Unidos.

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