El vergonzoso en palacio

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ISBN ebook: 9788499531236 Categoría: Etiquetas: ,

ISBN rústica: 9788498165036


El vergonzoso en palacio es una comedia pura de Tirso de Molina, en la que la princesa Madalena se las ingenia para conducir a su humilde y tímido amante, don Dionís, a que se le declare. Éste, que se hace pasar por maestro de caligrafía, llegará a hacerlo después de varias peripecias.
En una de ellas, ante la llegada de su amado, la princesa hace como si durmiera y hablara con él en sueños. Evidencia así su felicidad por tener su compañía. Luego, al despertar, finge no recordar lo dicho en absoluto, lo que deja al vergonzoso galán el camino libre para vencer su temor y para declarársele.
Luego, la intervención de la hermana de Madalena creará nuevas confusiones al hacer creer a ésta que don Dionís está enamorado de ella. En El vergonzoso en palacio todo se resuelve al saberse que a quien ama la hermana es a su propia imagen con vestuario de hombre, y que el falso maestro de caligrafía es, en realidad, un príncipe.

Jornada primera

(Salen el duque de Avero, viejo, y el conde de Estremoz, de caza.)

Duque: De industria a esta espesura retirado
vengo de mis monteros, que siguiendo
un jabalí ligero, nos han dado
el lugar que pedís; aunque no entiendo
con qué intención, confuso y alterado.
Cuando en mis bosques festejar pretendo
vuestra venida, conde don Duarte,
¿dejáis la caza por hablarme aparte?

Conde: Basta el disimular, sacá el acero
que, ya olvidado, os comparaba a Numa;
que el que desnudo veis, duque de Avero,
os dará la respuesta en breve suma.
De lengua al agraviado caballero
ha de servir la espada, no la pluma
que muda dice a voces vuestra mengua.

(Echan mano.)

Duque: Lengua es la espada, pues parece lengua;
y pues con ella estáis, y así os provoca
a dar quejas de mí, puesto que en vano,
refrenando las lenguas de la boca,
hablen solas las lenguas de la mano
si la ocasión que os doy, que será poca
para ese enojo poco cortesano,
a que primero la digáis no os mueve;
pues mi valor ningún agravio os debe.

Conde: ¡Bueno es que así disimuléis los daños
que contra vos el cielo manifiesta!

Duque: ¿Qué daños, conde?

Conde: Si en los largos años
de vuestra edad prolija, agora apresta,
duque de Avero, excusas, no hay engaños
que puedan convencerme. La respuesta
que me pedís, ese papel la afirma
con vuestro sello, vuestra letra y firma.
(Arrójale.) Tomalde, pues es vuestro; que el criado
que sobornastes para darme muerte
es, en lealtad, de bronce, y no ha bastado
vuestro interés contra su muro fuerte.
Por escrito mandastes que en mi estado
me quitase la vida y, de esta suerte,
no os espantéis que diga y lo presuma
que en vez de espada, ejercitáis la pluma.

Fragmento de la obra