El amparo de los hombres

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ISBN rústica tipográfica: 9788498160765

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El amparo de los hombres es una comedia destinada a exaltar la devoción mariana. Esta obra de Antonio Mira de Amescua escenifica una leyenda piadosa que ya en el siglo XIII recoge Cesáreo de Heisterbach entre sus narraciones milagrosas.
Federico es un soldado napolitano que ha combatido valientemente en la batalla de Pavía, al lado del Emperador. Sin embargo, a su llegada a Génova, se encuentra desamparado, pobre y sin amigos. Para ganar su sustento entra al servicio de un rico caballero, Carlos, jugador y disoluto, pero gran devoto de la Virgen María.
Al principio, Federico desempeña de buen grado el oficio de criado. Más tarde su situación se le hace insoportable y humillante cuando conoce a Julia, la prometida de su señor, y se enamora perdidamente de ella. En estas circunstancias aparece ante él el demonio y le ofrece riquezas para poder ganar a Julia. Al mismo tiempo, le promete arruinar a su rival.
Hacia el final de esta obra el diablo se declara incapaz de complacerle, pues Carlos cuenta con la especial protección de la Virgen María.

Jornada primera

(Salen Federico y Marín, de soldados muy pobres.)

Federico: ¡Ésta es Génova!

Marín: ¡Por Dios,
conforme nuestra pobreza,
que ha menester su riqueza,
si nos remedia a los dos!

Federico: ¡Bellos edificios!

Marín: ¡Bellos!
Los lienzos de Flandes son
cifra, sombra e ilusión
si se comparan con ellos.
¿Pero tenemos de andar
viendo casas todo el día,
sin buscar una hostería
donde podamos manjar?
Volvámonos, si te agradas,
a ver si en los bodegones
a trueco de macarrones
reciben estas espadas,
pues no nos sirven de más
que de traerlas liadas,
que aquí se riñe a puñadas.

Federico: Hambriento y prolijo estás.
¿No causa extraña alegría
después de varias tristezas,
las infinitas grandezas
de esta noble señoría,
ver tan hermosas pinturas
en las casas, el Senado,
que a Roma atrás ha dejado,
heredando sus venturas?
¿Ver…?

Marín: El verte con dineros,
Federico, es mi deseo;
que ya de hambre no veo,
y mi cuenta es todos ceros.
Cuando contigo salí
de la Pulla a ser soldado,
no pensé verme quebrado
como me veo por ti.
Servimos al de Pescara
sobre el Parque de Pavía;
y con papeles te envía
y sin blanca…

Federico: Cosa es clara,
ésa es la paga mejor
con que voy a pretender,
que el César me puede hacer
capitán.

Fragmento de la obra

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