El amigo de la muerte

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ISBN rústica ilustrada: 9788499535623
ISBN tapa dura: 9788411260121

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Según cuenta Pedro Antonio de Alarcón en su Historia de mis libros, el argumento El amigo de la muerte. La acción transcurre en España en el siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V. La historia se la contó su abuela paterna cuando era niño y forma parte del folclor tradicional.
El amigo de la muerte es un cuento fantástico escrito en 1852, incluido en las Narraciones inverosímiles de Alarcón, que se publicaron en 1882.
Aquí se narra la vida de un joven zapatero huérfano que, por circunstancias del azar, es criado en casa de un rico conde, junto a la mujer y la hija de estos. Lo que empiezan siendo juegos infantiles entre el huérfano y la hija de los condes, desemboca en un apasionado amor juvenil.
Cuando fallece el conde, la condesa echa de casa al joven y se va con su hija a vivir fuera del país. Desesperado por alejarse de su entorno, por perder su posición y, sobre todo, a su amor, cae un una espiral de autodestrucción. Esta espiral termina en un intento de suicidio que se frustra por la intervención de la Muerte, un ser ambiguo y  de confusas intenciones.

Éste era un pobre muchacho, alto, flaco, amarillo, con buenos ojos negros, la frente despejada y las manos más hermosas del mundo, muy mal vestido, de altanero porte y humor inaguantable… Tenía diecinueve años, y llamábase Gil Gil.
Gil Gil era hijo, nieto, biznieto, chozno, y Dios sabe qué más, de los mejores zapateros de viejo de la corte, y al salir al mundo causó la muerte a su madre, Crispina López, cuyos padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos honraron también la misma profesión.
Juan Gil, padre legal de nuestro melancólico héroe, no principió a amarlo desde que supo que llamaba con los talones a las puertas de la vida, sino meramente desde que le dijeron que había salido del claustro materno, por más que esta salida le dejase a él sin esposa; de donde yo me atrevo a inferir que el pobre maestro de obra prima y Crispina López fueron un modelo de matrimonios cortos, pero malos. Tan corto fue el suyo, que no pudo serlo más, si tenemos en cuenta que dejó fruto de bendición… hasta cierto punto. Quiero significar con esto que Gil Gil era sietemesino, o, por mejor decir, que nació a los siete meses del casamiento de sus padres, lo cual no prueba siempre tina misma cosa… Sin embargo, y juzgando solo por las apariencias, Crispina López merecía ser más llorada de lo que la lloró su marido, pues al pasar a la suya desde la zapatería paterna, llevóle en dote, amén de una hermosura casi excesiva y de mucha ropa de cama y de vestir, un riquísimo parroquiano —¡nada menos que un conde, y conde de Rionuevo!—, quien tuvo durante algunos meses (creemos que siete), el extraño capricho de calzar sus menudos y delicados pies en la tosca obra del buen Juan, representante el más indigno de los santos mártires Crispín y Crispiniano, que de Dios gozan…

Fragmento de la obra

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