Contestación a varios artículos sobre la Isla de Cuba

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ISBN tapa dura: 9788499539652
ISBN rústica ilustrada: 9788411267953

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En París, agosto 1859, Francisco de Frías y Jacott, conde de Pozos Dulces, escribió esta Contestación a varios artículos sobre la Isla de Cuba publicados en el Diario de Barcelona. El conde es, por sí mismo, un personaje que merece una nota biográfica.
Era propietario, entre otros bienes, de los terrenos del barrio que hoy se conoce en La Habana como El Vedado. Tuvo en esa ciudad el periódico El Siglo, de tendencia liberal.
Abrió luego otro diario en Madrid bajo con el nombre de La Voz del Siglo. Por entonces publicó en la imprenta de Rivadeneira libros a favor de la modernización de la agricultura de Cuba. Como miembro activo de la corriente autonomista cubana ejerció su poder para influir en la política peninsular.
En 1866 el conde de Pozos le propuso a la reina Isabel II que Cuba comprase su Independencia pagando una compensación económica a España, idea que retomada después por Juan Prim.
Aquellas negociaciones fracasaron.
La Contestación a varios artículos sobre la Isla de Cuba es una obra anterior a estos hechos. Aquí el autor reflexiona en 1859 sobre cómo percibía la opinión pública española los problemas de Cuba.
Este libro nos hace ver opiniones que hoy han sido olvidadas a la hora de entender la historia de la España del siglo XIX.

Veamos a continuación un ejemplo. Aquí el conde cita indignado un texto de Dionisio Alcalá Galiano sobre la cuestión cubana:

«No trataré, pues, de ocultar, ni tengo porque hacerlo cuando de ello me glorio, que pertenezco al partido español en Cuba; y que si alguna separación cabe señalar en su seno, mi puesto se encuentra entre las filas de aquellos que profesan las opiniones más ardientes y entusiastas. Bajo las banderas de este partido he servido, hasta donde la profesión del periodismo se roza con la política militante; y sus intereses y su gloria son el objeto de mis más fervientes votos, dado que por sustentarlos he trabajado con menos acierto quizá que otros, pero con un celo que a nadie le fuera dado superar. Nuestro común lema durante las recientes agitaciones obtuvo también mi deliberada adhesión, y he proclamado ¡¡¡QUE CUBA SERÁ AFRICANA O ESPAÑOLA!!! abrigando el firme propósito de realizar nuestras amenazas. Si el momento de crisis suprema hubiera llegado, se nos hubiera visto arrostrar con impavidez el último trance, y pelear hasta morir o vencer CON EL FUSIL EN UNA MANO Y LA TEA INCENDIARIA EN LA OTRA, Y CON LA TERRIBLE PALABRA DE EMANCIPACIÓN EN NUESTROS LABIOS!!!»

Frente a esta opinión el conde de Pozos Dulces responde:

Abolida la esclavitud en las principales colonias, ¿podrán las demás naciones ver con indiferencia que España no solo la fomente en Cuba, sino que funde en su consolidación un sistema despótico y opresor de gobierno que conduce derecho a la revolución del país y a conflictos políticos que todos los demás Estados tienen el derecho y el deber de impedir?
¿Podrán estos dar la mano a España en su infame propósito de africanizar el país, esto es, de entregarlo a la barbarie y a la devastación, cuando no pueda ya luchar con fruto contra un alzamiento provocado por su opresión y sus iniquidades?

Diez años después el conde y sus aliados financiaron la Revolución liberal de 1868, liderada por Juan Prim y Juan Bautista Topete, su amigo personal. Así participó en el Sexenio liberal financiando sus ideas políticas y disfrutando con la victoria personal que significó para él el destronamiento de Isabel II.
Sin embargo, Francisco de Frías y Jacot murió en 1877 en París, sin ver cumplido su sueño de una Cuba libre y soberana.


Ha visto la luz pública en el Diario de Barcelona una serie de artículos con diversos encabezamientos, pero encaminados todos a tratar de la situación y del gobierno de la Isla de Cuba. Fueron inspirados, a lo que parece, estos trabajos por la aparición de un folleto en lengua francesa con el título de: La Cuestión de Cuba, que no ha muchos meses se publicó en esta capital.
Nosotros que ninguna parte tuvimos en la redacción de ese folleto, que no estamos conformes con algunos de los puntos de vista, ni con ciertas tendencias que en él se manifiestan, no hemos podido ver con indiferencia la manera brutal y la insigne mala fe con que de él se da cuenta en las columnas del diario barcelonés, ni menos aún sufrir en silencio los ataques con que allí se pretende vulnerar la santa causa de un pueblo esclavizado que aspira a romper sus cadenas. Venimos, pues, a rechazar en nombre de éste insultos y agresiones, y si nuestro lenguaje pareciere severo en demasía, téngase presente que la honra y dignidad de un pueblo escarnecido no tienen fueros ningunos que guardar a la personalidad de quien así le ultraja y hiere en lo más vivo de sus sentimientos.
El señor E. Reynals y Rabassa que firma esos escritos es un abogado ilustrado y liberal de Barcelona, según se nos ha escrito. También es catedrático de derecho en la Universidad y secretario del Ayuntamiento de esa ciudad. Cómo se sostengan estos títulos y aquellas calificaciones lo vamos a ver en el curso de esta contestación, que naturalmente deberá resentirse de falta de trabazón y de plan lógico, como que ni plan lógico ni trabazón se advierte en los artículos que nos proponemos combatir. Y si fuera esto solo, si no tuviéramos que señalar infinitas contradicciones en esos artículos, suposiciones y falsedades en que abundan, nuestra tarea, si bien ingrata por lo desordenada e incorrecta que tiene por fuerza que ser, fuera a lo menos corta y más concluyente.
Pero tiempo es ya de entrar en materia afirmando y probando, para no seguir el ejemplo de quien rehuye las pruebas a la vez que se complace en las afirmaciones. Veamos el primer artículo del señor Reynals que lleva por epígrafe: La Isla de Cuba.

Fragmento de la Contestación a varios artículos sobre la Isla de Cuba publicados en el Diario de Barcelona.

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