Constitución de Apatzingán

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ISBN rústica: 9788499537412


La Constitución de Apatzingán de 1814, que también se conoce como el Decreto Constitucional para la libertad de la América mexicana, dio un marco legal a las fuerzas que combatían por la Independencia de México.
Se sentó así un precedente de enorme importancia en el proceso de emancipación mexicana. En este texto se nota, además, la influencia de la Constitución de Cádiz. Sin embargo, difiere de ella en el hecho de que proclama de forma explícita que el gobierno de México sería republicano.
La Constitución de Apatzingán quedó anulada tras disolución del Congreso que la respaldaba. Sus órganos de gobierno y sus líderes fueron aplastados por el ejército realista. Así España retomó el control del país naciente. Unos meses después, José María Morelos, el líder que hizo el llamamiento para la creación del gobierno independiente, murió en un pelotón de fusilamiento, el 22 de diciembre de 1815.
En 1821 el Plan de Iguala continuó el proceso de la emancipación nacional y condujo a la proclamación formal de la Independencia del Imperio Mexicano.

(22 de octubre de 1814)
Decreto Constitucional para la libertad de la América mexicana, sancionado en Constitución de Apatzingán de 1814 a 22 de octubre de 1814
El Supremo Congreso Mexicano deseoso de llenar las heroicas miras de la Nación, elevadas nada menos que al sublime objeto de sustraerse para siempre de la dominación extranjera, y substituir al despotismo de la monarquía de España un sistema de administración que reintegrando a la Nación misma en el goce de sus augustos imprescriptibles derechos, la conduzca a la gloria de la independencia, y afiance sólidamente la prosperidad de los ciudadanos, decreta la siguiente forma de gobierno, sancionando ante todas cosas los principios tan sencillos como luminosos en que pueden solamente cimentarse una constitución justa y saludable.

I. Principios o elementos constitucionales

Capítulo I. De la religión
Artículo 1.° La religión católica apostólica romana es la única que se debe profesar en el Estado.

Capítulo II. De la soberanía
Artículo 2.° La facultad de dictar leyes y de establecer la forma de gobierno que más convenga a los intereses de la sociedad, constituye la soberanía.
Artículo 3.° Ésta es por su naturaleza imprescriptible, inajenable, e indivisible.
Artículo 4.° Como el gobierno no se instituye para honra o interés particular de ninguna familia, de ningún hombre ni clase de hombres; sino para la protección y seguridad general de todos los ciudadanos, unidos voluntariamente en sociedad, éstos tienen derecho incontestable a establecer el gobierno que más les convenga, alterarlo, modificarlo, y abolirlo totalmente, cuando su felicidad lo requiera.
Artículo 5.° Por consiguiente la soberanía reside originariamente en el pueblo, y su ejercicio en la representación nacional compuesta de diputados elegidos por los ciudadanos bajo la forma que prescriba la constitución.

Fragmento del texto