Cartas marruecas

3.00

ISBN ebook: 9788498970265 Categoría: Etiquetas: , ,

ISBN CM: 9788490075418
ISBN tapa dura: 9788411263542
ISBN rústica: 9788496428799

Las Cartas marruecas son una obra epistolar de José Cadalso, publicada en 1789, tras su muerte. Contienen noventa cartas que se cruzan entre tan solo tres protagonistas.

  • Gazel, un joven marroquí que visita España por primera vez, observa y comenta sus costumbres y su cultura.
  • Ben-Beley, amigo y maestro sabio de Gazel, que vive en Marruecos;
  • y Nuño Núñez, un español cristiano de quien Gazel se hace amigo.

Con estas cartas Cadalso se propuso hacer una «crítica de la nación». Aquí profundizó en la esencia de los problemas que han hecho que España, su patria, sea, con sus propias palabras «el esqueleto de un gigante». La reflexión sobre el tema de España que inició fue seguida por Mariano José de Larra, los regeneracionistas y la Generación del 98, hasta el presente.
El hilo conductor de toda la obra gira alrededor de la sátira hacia ciertas costumbres y vicios de la época sin seguir ningún orden. Tanto es así, que se cree que Cadalso las escribió en distintos años de su vida.
En esta obra quiso por mero placer poner por escrito la hipocresía, la desigualdad, la brutalidad o las supersticiones que hacían inviable una sociedad basada en un espíritu científico y racional.
El propio Cadalso nos presenta estas cartas, introduciendo un elemento nuevo en la literatura hispana, el «espíritu crítico»:

«Estas cartas tratan del carácter nacional, cual lo es en el día y cual lo ha sido. Para manejar esta crítica al gusto de unos, sería preciso ajar la nación, llenarla de improperios y no hallar en ella cosa alguna de mediano mérito. Para complacer a otros, sería igualmente necesario alabar todo lo que nos ofrece el examen de su genio, y ensalzar todo lo que en sí es reprensible. Cualquiera de estos dos sistemas que se siguiese en las Cartas marruecas tendría gran número de apasionados; y a costa de mal conceptuarse con unos, el autor se hubiera congraciado con otros. Pero en la imparcialidad que reina en ellas, es indispensable contraer el odio de ambas parcialidades.»