Cartas de Miguel Cané

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ISBN rústica ilustrada: 9788490071427
ISBN tapa dura: 9788411267045
ISBN rústica tipográfica: 9788498167535

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Cané fue un claro exponente de la llamada Generación del 80. Colaboró con numerosos diarios y dejó una vasta producción literaria. Sus escritos apelan recurrentemente a la materia autobiográfica. Quienes lo conocieron conciden en subrayar que fue un hombre culto. Afirman que era distinguido, humorista y escéptico, que solía escribir sobre sus viajes, los países en los que residió y sus lecturas.
Estas Cartas de Miguel Cané son una recopilación de epístolas dirigidas gran parte de ellas a su madre. Aquí se relatan sus experiencias vividas a través de sus viajes, evocando la sentida nostalgia por el entorno familiar y el recuerdo de una infancia ya lejana.

Rada de Montevideo, mayo 16 de 1870. Querida vieja:
Hemos llegado bien, aunque muy mareados por haber tenido una bárbara marejada.
Mañana de madrugada salimos para Río de Janeiro.
Yo no he bajado en Montevideo, por ser casi imposible.
Discúlpame con las personas conocidas y familias amigas, por no haberme despedido.
Después de estar a bordo supe que mi buena Justita con el amigo Dimet habían ido al muelle: dales muchos abrazos.
A Dimet que le tengo que comunicar una idea que nos va a dar pesos.
Fulton Méndez se marea como un buey.
Seguiré todos tus consejos mi vieja querida y creo que pensando en ti y en tu santo cariño, seré muy feliz en Europa.
A Héctor que no se olvide de la carta-orden de los 200 mensuales.
Mis cariños a todos y tú un abrazo de tu hijo
Miguel Cané

¡Hasta Río de Janeiro!
No tengo otro papel que éste de Manuel Augusto.

Río de Janeiro, mayo 22 de 1870. Mi querida madre:
Al lado de una bellísima y fresca cascada, que se derrama preciosa entre las palmas del jardín botánico, hay un montecillo de gruesas cañas en las cuales graba cada viajero, ya su nombre, ya un dulce y querido recuerdo que agita en ese momento su corazón. Más que con mi mano, he grabado allí tu nombre con mi alma, que alberga para ti un inmenso y puro cariño que crece más, si es posible, cuando me faltan tus cariñosos besos.

Hemos llegado al Janeiro admirablemente.

Recuerdo que hace poco te leía un libro sublime que traía esta verdad amarga: «El desterrado en todas partes está solo». El que deja la patria es un desterrado; ¡con cuánto placer, pues, acogeremos todo lo que nos la recuerda!

Todos los de allá, hemos formado una colonia y vivimos juntos en mar y tierra.

Somos: Rufino; mujer e hijos, Manuel Augusto y Carmela, don Juan José, Etelvina y Julio Juan José Méndez, 0’Gorman y hermana, don Ricardo 0’Shee y señora (que te conoce), Adriano Rossi, Paco Casares, Rodolfo Casares y yo. Ya ves si nos divertiremos en grande.

Hemos visitado el jardín botánico y el público: Es lo más hermoso que se puede soñar, ni los ensueños de la imaginación de mi padre que buscaba un paraíso en la tierra es parecido a la realidad.

Rodeada de montañas de miles de pies de elevación, besando sus pies el tranquilo mar, meciéndose sus palmares al más leve viento, Río de Janeiro parece una creación ajena al universo, un vestigio de la gloria eterna, el canto de Hesíodo, los campos Elíseos de Virgilio… ¡pero qué sabes tú de esto, mi buena vieja! Pero tienes alma grande y claro espíritu y te lo digo con franqueza y con orgullo; si mi padre me dio algo de su poderosa cabeza y viva imaginación, tú me has dado la delicadeza del sentimiento, que dicen revisten las páginas que escribo.

He formado un proyecto; cuando vuelva; te he de traer a admirar estas grandezas.

A mis hermanos, Justa, Dimet y Lola un fuerte abrazo del alma.

A mi tía Anita que he visto el nombre de mi tío Luis grabado en un árbol de un paseo: que apenas lo vea en Londres le devolveré el fuerte abrazo que me dio a la despedida.

A todos los que me quieren mis recuerdos del corazón. Mañana nos embarcamos para Europa.

Adiós, madre cariñosa y santa: si la recompensa que tienen las madres en el mundo es el cariño de los hijos, estás recompensada.

Te escribiré siempre y seguiré tus santos consejos.

Tu hijo

Miguel Cané

Júntame todas las «Tribunas» donde se publique algo mío; incluso la del 17 de mayo/ 70.

Fragmento de la obra

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