Antología de José Antonio Ramos Sucre

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ISBN ebook: 9788490076156 Categoría: Etiquetas: , ,

ISBN CM: 9788499531335
ISBN tapa dura: 9788411263825
ISBN rústica: 9788490079171

Esta Antología del venezolano José Antonio Ramos Sucre recoge lo mejor de su obra. La mayoría de las voces literarias venezolanas coinciden en reconocer Ramos Sucre (1890-1930) como el poeta de mayor relevancia del país.
Su obra —aunque casi desconocida para sus contemporáneos— se valora hoy día como una de las expresiones más significativas de la poesía venezolana.
La temática que empleó Ramos Sucre en su obra estuvo caracterizada por el uso frecuente del simbolismo, la mitología, personajes históricos venezolanos, lo fantástico y esotérico; el tema de la muerte ocupó un gran espacio en su producción literaria.
La obra de Ramos Sucre es cercana en ocasiones al relato onírico y en otras a una poesía en prosa evocativa y visual.
De ella se han nutrido muchos de los escritores más prestigiosos de la actualidad. Aunque de difícil catalogación su obra es eminentemente vanguardista, conservando un simbolismo. Críticos literarios coinciden y le reconocen un rechazo al criollismo que imperaba en el ámbito literario venezolano
La presente antología contiene sus principales creaciones en prosa poética:

  • La Torre de Timón, de 1925,
  • El cielo de esmalte
  • y Las formas del fuego, ambos de 1929.

El fugitivo
Huía ansiosamente, con pies doloridos, por el descampado. La nevisca mojaba el suelo negro.
Esperaba salvarme en el bosque de los abedules, incurvados por la borrasca. Pude esconderme en el antro causado por el desarraigo de un árbol. Compuse las raíces manifiestas para defenderme del oso pardo, y despedí los murciélagos a gritos y palmadas.
Estaba atolondrado por el golpe recibido en la cabeza. Padecía alucinaciones y pesadillas en el escondite. Entendí escapadas corriendo más lejos.
Atravesé el lodazal cubierto de juncos largos, amplectivos, y salí a un segundo desierto. Me abstenía de encender fogata por miedo de ser alcanzado.
Me acostaba a la intemperie, entumecido por el frío. Entreveía los mandaderos de mis verdugos metódicos. Me seguían a caballo, socorridos de perros negros, de ojos de fuego y ladrido feroz. Los jinetes ostentaban, de penacho, el hopo de un ardita.
Divisé al pisar la frontera, la lumbre del asilo, y corrí a agazaparme a los pies de mi dios.
Su imagen sedente escucha con los ojos bajos y sonríe con dulzura.

Fragmento de la obra