Amado y aborrecido

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ISBN rústica ilustrada: 9788490070543 ISBN tapa dura: 9788490070376 ISBN rústica tipográfica: 9788498163933

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La obra Amado y Aborrecido es una comedia del Siglo de Oro español, escrita por el célebre dramaturgo Pedro Calderón de la Barca y publicada en 1657. Este texto, aunque quizás menos conocido que otras obras del autor como «La vida es sueño» o «El alcalde de Zalamea», destaca por su complejo tratamiento de temas universales como el deber, el placer y la rivalidad divina, simbolizada por las diosas Venus y Diana.
La trama nos introduce a un escenario lleno de tensión y pasiones, donde los personajes Dante y Aurelio se encuentran en una lucha por el amor de la misma mujer, Irene. Esta pugna se manifiesta en un duelo que trasciende la mera rivalidad humana para adentrarse en la esfera de lo divino y lo eterno. Los diálogos son un claro reflejo de la maestría de Calderón en la construcción de personajes y en el manejo de la lengua española, con un ritmo y una musicalidad que capturan al lector o espectador desde el principio.
La obra nos sitúa en un dilema moral y emocional: ¿es posible conciliar el deber y el deseo? Los personajes se encuentran atrapados entre estas dos fuerzas, y su lucha simboliza la constante batalla entre las emociones y las responsabilidades, un tema que Calderón explora en profundidad en muchas de sus obras.
Uno de los puntos más interesantes de Amado y Aborrecido es el rol de la mujer, Irene, quien se convierte en juez y espectadora del duelo entre Dante y Aurelio. Su presencia no solo añade una capa de complejidad al conflicto, sino que también ofrece una reflexión sobre la mujer como objeto del deseo y como sujeto con agencia propia, especialmente en una época donde las figuras femeninas eran a menudo marginadas o idealizadas.
Amado y Aborrecido es una obra rica en simbolismo, conflicto y emoción. Su exploración de temas eternos y su maestría en el uso del lenguaje hacen de ella una pieza indispensable para cualquier amante de la literatura clásica española. Aunque la obra puede no gozar del mismo renombre que otros textos de Calderón, su profundidad temática y su brillantez en la construcción de personajes la convierten en una joya del Siglo de Oro que merece ser redescubierta y valorada.

Jornada primera

Salen por una parte Dante, y por otra Aurelio

Aurelio: ¿Dónde queda el rey?

Dante: Detrás
de esos ribazos le dejo,
en el alcance empeñado
de un jabalí, cuyo riesgo
veloz Aminta su hermana
sigue también.

Aurelio: Según eso,
ocasión será de que
concluyamos nuestro duelo,
con la novedad que está
citado.

Dante: Para ese efecto
esperando estaba a vista
de este edificio soberbio.

Aurelio: Pues llegad; solos estamos.

Dante: ¡Ah del soberano centro
donde aprisionada vive
toda la región del fuego!

Aurelio: ¡Ah de la divina esfera
del Sol más hermoso y bello
que, a pesar de opuestas nubes,
abrasa con sus reflejos!

Dante: ¡Ah del alcázar de amor!

Aurelio: ¡Ah del abismo de celos!

Dante: ¡Patria de la ingratitud!

Aurelio: ¡Monarquía del desprecio!

Aurelio y Dante: ¡Ah de la torre!

(En lo alto salen Nise y Flora.)

Flora y Nise: ¿Quién llama…

Nise: …tan sin temor…

Flora: …tan sin miedo
a estos umbrales?

Dante: Decid
a vuestro divino dueño…

Aurelio: Decid a la soberana
deidad de ese humano templo…

Dante: …que a ese mirador se ponga.

Aurelio: …que salga a esa almena.

Irene: ¡Cielos!
¿Quién para tanta osadía
ha tenido atrevimiento?
¿Quién aquí da voces?

Aurelio y Dante: Yo.

Irene: Ya con dos causas, no menos
que antes extrañé el oíros,
habré de extrañar el veros,
no tanto porque del rey
atropelléis los decretos,
no tanto porque de mí
aventuréis el respeto,
rompiendo el coto a la línea
de mi espíritu soberbio,
cuanto porque acrisoléis
la ingratitud de mi pecho,
que a par de los dioses juzga
lograr mármoles eternos.
Si de por sí cada uno,
aun en callados afectos
que apenas a estos umbrales
llegaron, cuando volvieron
castigados y no oídos,
examinó mis desprecios,
¿qué hará, unido de los dos,
ahora el atrevimiento?
¿Qué pretendéis? ¿Qué intentáis?
Y ¿con qué efecto, en efecto,
llegáis aquí? ¿Para qué
me dais voces?

Aurelio y Dante: Para esto.

(Sacan las espadas.)

Aurelio: Que si de ambos ofendida
estás, ambos pretendemos,
con librarte de una ofensa,
ganar un merecimiento.

Dante: Y porque de su valor
quede el otro satisfecho,
queremos que seas testigo
tú misma de nuestro esfuerzo.

Aurelio: Ya partido el Sol está,
pues el Sol nos está viendo.

Dante: Yo, porque no esté partido,
lidiaré por verle entero.

(Riñen.)

Irene: Tened, tened las espadas;
templad los rayos de acero;
mirad que aun el vencedor
la esgrime contra sí mesmo,
pues no es menor el peligro
de vivir que quedar muerto.

Fragmento de la obra

Edición de referencia: Madrid, por Andrés García de la Iglesia, a costa de Iuan de S. Vicente …, 1657

 

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